RESEÑA DEL BLU-RAY "GOOD BOY" DE RESEARCH ENTERTAINMENT
Good Boy es uno de esos títulos que llegan precedidos de una campaña de marketing desmesurada, de esas que prometen una experiencia revolucionaria dentro del cine de género y que, inevitablemente, elevan las expectativas muy por encima de lo que la película realmente puede ofrecer. Tras verla, la sensación es clara: no es una mala película, pero tampoco es la maravilla innovadora que muchos vendieron. Es un film correcto, modesto y curioso, que funciona mejor cuando se mira con los pies en el suelo y no desde el hype.
Estamos ante una producción claramente barata, algo que no tiene por qué ser negativo, pero que conviene señalar para contextualizar el resultado final. El rodaje se prolongó durante casi tres años, un dato que se ha utilizado como argumento promocional, aunque en pantalla no siempre se traduce en una complejidad narrativa o visual especialmente ambiciosa. Más bien al contrario: Good Boy apuesta por la sencillez, tanto en su planteamiento como en su desarrollo.
Su duración, de alrededor de 70 minutos, juega a su favor. Es un metraje ajustado que evita que la propuesta se desgaste en exceso. Probablemente, con veinte minutos más, la película habría acusado aún más sus limitaciones estructurales. Así, en ese formato casi de mediometraje largo, consigue mantenerse a flote sin llegar a aburrir, aunque tampoco alcanza un impacto especialmente memorable.
El mayor atractivo del film está, sin duda, en su punto de vista: una historia de fantasmas narrada desde la perspectiva de un perro. Esta decisión le da personalidad y la diferencia de la mayoría de propuestas del género, ofreciendo momentos genuinamente interesantes al observar el terror desde una mirada inocente, confusa y puramente instintiva. No hay explicaciones racionales ni discursos elaborados: hay ruidos, presencias, espacios que cambian y un animal que reacciona a lo invisible. Esa idea funciona… hasta cierto punto.
La historia en sí es muy básica, apoyada en los tropos clásicos del cine de casas encantadas: sombras, sonidos inexplicables, presencias sugeridas más que mostradas. No hay grandes giros ni revelaciones impactantes. Todo se sostiene en la atmósfera y en la experiencia sensorial, lo cual puede resultar efectivo para algunos espectadores, pero insuficiente para quienes esperen un relato de terror más elaborado o emocionalmente potente.
Donde sí hay que detenerse es en el mérito técnico y creativo de dirigir a un perro como protagonista absoluto. Esto no es un detalle menor. Lograr que un animal sostenga prácticamente toda la película requiere una enorme cantidad de paciencia, planificación y trabajo por parte del director. En ese sentido, Good Boy es admirable: el perro transmite curiosidad, miedo, apego y desconcierto de una manera sorprendentemente natural. Sin exagerar, su presencia resulta más convincente que la de muchos personajes humanos en otras películas del género.
Se nota detrás un esfuerzo constante por construir una narrativa visual adaptada al punto de vista canino, con planos bajos, movimientos contenidos y una puesta en escena pensada para que el espectador “vea” como ve el perro. Este es, sin duda, el aspecto más interesante y mejor resuelto del film, y el que justifica su existencia más allá del marketing.
El problema aparece cuando el concepto ya está claro y la película no termina de evolucionar. Una vez asumida la idea, Good Boy se mueve en círculos. No se vuelve más profunda, ni más inquietante, ni más emocional. Simplemente avanza hasta su final de forma correcta, sin grandes errores, pero también sin grandes momentos.
Uno de los aspectos más singulares de Good Boy es su apuesta casi radical por el silencio y la observación. Durante buena parte del metraje, la película prescinde de diálogos tradicionales y confía en sonidos ambientales, miradas y pequeños gestos para construir significado. Esto refuerza la inmersión en el punto de vista animal, pero también exige paciencia al espectador. No es un terror de estímulo constante, sino uno que se filtra lentamente, a través de ruidos lejanos, espacios vacíos y una sensación persistente de amenaza indefinida.
La decisión de ocultar los rostros humanos durante gran parte de la película es otro recurso arriesgado. Por un lado, potencia la idea de que esta no es una historia sobre personas, sino sobre cómo un perro percibe su mundo. Por otro, crea una distancia emocional que puede resultar problemática: el espectador entiende la lealtad de Indy hacia su dueño, pero nunca llega a conectar del todo con ese humano al que intenta proteger. Esta elección estilística refuerza el concepto, aunque también limita la implicación dramática.
Narrativamente, la película opta por la repetición como estructura: señales extrañas, presencias invisibles, advertencias que no son escuchadas. Esto refleja bien la frustración del protagonista, atrapado en un ciclo del que no puede escapar ni explicar, pero también provoca que el relato pierda fuerza conforme avanza. La idea es clara desde muy pronto, y el film no siempre encuentra nuevas formas de desarrollarla, lo que hace que algunos tramos se perciban como estancados.
A nivel emocional, Good Boy funciona menos como una película de terror convencional y más como un drama sobre la pérdida, la incomprensión y la impotencia. El verdadero horror no está tanto en los elementos sobrenaturales como en la incapacidad de Indy para entender qué le está ocurriendo a su mundo. La enfermedad, el deterioro del hogar y la ruptura de la rutina se presentan como fuerzas tan inquietantes como cualquier fantasma.
Desde el punto de vista técnico, destaca el trabajo de montaje y continuidad, especialmente teniendo en cuenta que el rodaje se extendió durante varios años. La película logra una coherencia notable, manteniendo el foco narrativo y visual en su protagonista canino sin que el conjunto se resienta. La cámara, siempre a ras de suelo, refuerza la sensación de encierro y vulnerabilidad, convirtiendo espacios cotidianos en lugares opresivos y ambiguos.
Finalmente, Good Boy deja la impresión de ser una película con una idea brillante pero de alcance limitado. Su mayor virtud es también su mayor restricción: contar una historia exclusivamente desde la percepción de un perro es original, emotivo y arriesgado, pero reduce las posibilidades narrativas a largo plazo. El resultado es una obra honesta, sensible y diferente, que despierta más admiración por su planteamiento y su ejecución que por su capacidad para renovar el género de forma duradera.
En resumen, Good Boy es una película correcta, con una idea original y un enfoque poco habitual, que se disfruta más como curiosidad cinematográfica que como obra imprescindible del cine de terror. Tiene mérito, especialmente en el trabajo de dirección y en la ejecución de su protagonista animal, pero no alcanza la grandeza que su promoción prometía. No es un desastre, ni mucho menos, pero tampoco es ese título rompedor que algunos quisieron vender.
En España, la película llegó al público a través de Filmin, plataforma que apostó por su estreno en streaming y facilitó su acceso a los aficionados al cine de género. Además, Resen ha editado en Diciembre Good Boy en formato Blu-ray, una noticia especialmente celebrada por los coleccionistas y amantes del cine físico, ya que permite descubrir o revisitar esta propuesta singular en una edición cuidada, acorde con el interés que despertó el film tras su recorrido por festivales y plataformas.
Good Boy [Blu-ray] (2025) Good Boy
Shane Jensen (Actor), Arielle Friedman (Actor), Ben Leonberg (Director)
Un perro leal se muda a una casa rural con su dueño Todd. Allí descubre fuerzas sobrenaturales que acechan en las sombras. Mientras oscuras entidades amenazan a su compañero humano, el valiente cachorro debe luchar para proteger a quien más quiere.
Detalles del producto
Relación de aspecto : 2.10:1
Clasificado : No recomendada para menores de 16 años
Dimensiones del paquete : 12 x 10 x 2 cm; 100 g
Director : Ben Leonberg
Formato multimedia : Blu-ray
Tiempo de ejecución : 1 hora y 12 minutos
Fecha de lanzamiento : 3 diciembre 2025
Actores : Anya Krawcheck, Arielle Friedman, Larry Fessenden, Shane Jensen, Stuart Rudin
Estudio : research
ASIN : B0FXLQ7FL6
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