RESEÑA DEL BLU-RAY "RESURRECTION" DE DIVISA FILMS
Conviene hacer una advertencia antes de adentrarse en Resurrection: no estamos ante una película pensada para satisfacer al espectador que busca una narración convencional, un desarrollo argumental perfectamente explicado o un ritmo construido alrededor de la acción. La propuesta de Bi Gan exige otra disposición. Es una obra que pide paciencia, atención y, sobre todo, la voluntad de dejarse llevar por las imágenes sin esperar que la película nos proporcione constantemente las claves necesarias para interpretarlas.
Por sus características, Resurrection encontrará probablemente a su público natural entre los espectadores más familiarizados con el cine de arte y ensayo, el cine experimental y aquellas propuestas en las que la atmósfera, la composición visual, el simbolismo y la exploración formal adquieren tanta importancia como la propia historia. Quien disfrute con directores como David Lynch, Apichatpong Weerasethakul, Béla Tarr o con determinadas obras del cine asiático más contemplativo encontrará aquí muchos elementos con los que establecer conexiones. No porque Bi Gan pretenda imitar a estos cineastas, sino porque comparte con ellos una concepción del cine que concede al espectador un papel activo y no pretende explicárselo absolutamente todo.
Esto es especialmente importante porque Resurrection puede resultar desconcertante para quien espere encontrar una estructura narrativa convencional. La película avanza mediante asociaciones, cambios de género, saltos temporales, transformaciones visuales y situaciones que funcionan muchas veces más como experiencias sensoriales que como piezas de una trama que debamos comprender inmediatamente. Hay momentos en los que la pregunta no debería ser tanto «¿qué está ocurriendo?» como «¿qué me está haciendo sentir lo que estoy viendo?».
El cine de Bi Gan no se limita a proyectar imágenes sobre una pantalla: intenta convertirlas en una experiencia capaz de alterar nuestra percepción del tiempo, del espacio y de la memoria. En Resurrection , el director chino lleva esta concepción hasta un extremo fascinante, construyendo una película que parece querer recuperar algo que el cine contemporáneo ha ido dejando atrás: su capacidad para envolver al espectador, transportarlo a otros mundos y convertir la sala en un lugar donde realidad, sueño y recuerdo pueden confundirse.
Después de sus primeras propuestas Kaili Blues y Largo viaje hacia la noche, Bi Gan confirma con su tercer largometraje que ocupa un lugar absolutamente singular dentro del cine actual. Su apuesta no consiste únicamente en experimentar con la duración de los planos, los movimientos de cámara o las posibilidades de la puesta en escena, sino en utilizar todos esos recursos para explorar la relación entre las imágenes y nuestra propia experiencia. En Resurrection , esa búsqueda adquiere una dimensión todavía mayor: la película atraviesa aproximadamente un siglo de historia cinematográfica y convierte sus diferentes formas, géneros y lenguajes en las distintas estaciones de un viaje por la memoria.
La premisa parte de un futuro en el que la humanidad ha renunciado a soñar a cambio de prolongar su existencia. Sin embargo, todavía quedan individuos incapaces de abandonar esa facultad y considerados una anomalía dentro de ese nuevo orden. A partir de ahí, Bi Gan construye una narración que se aleja deliberadamente de las convenciones del relato tradicional para adentrarse en un territorio donde cada episodio parece pertenecer a una película diferente. El espectador pasa de una época a otra, de un género a otro y de una estética a otra, pero detrás de esa transformación constante permanece una misma preocupación: qué significa ser humano cuando nuestra percepción de la realidad está cada vez más condicionada por la tecnología y por las imágenes.
Resurrection utiliza, por tanto, la propia historia del cine como materia narrativa. El cine mudo, el expresionismo, el noir, el gangster, el cine bélico, la ciencia ficción o el romanticismo fantástico aparecen reinterpretados a través de una mirada contemporánea que no pretende reproducirlos de manera nostálgica, sino demostrar que sus códigos todavía pueden cobrar nueva vida. Cambian el formato de imagen, la velocidad, la iluminación, el diseño de producción, el uso del sonido o incluso la manera de presentar los diálogos, como si cada periodo histórico obligara a la película a adoptar un nuevo lenguaje.
El resultado es una sucesión de mundos visualmente diferenciados, pero unidos por una misma sensibilidad. Bi Gan juega con el blanco y negro, las sombras del cine negro, los colores, la iluminación, los decorados y el vestuario para conseguir que cada capítulo posea una personalidad propia. La fotografía de Dong Jingsong resulta fundamental en esta transformación constante, porque no se limita a embellecer los diferentes escenarios: participa activamente en la construcción de esas realidades, haciendo que cada cambio de época implique también una modificación en la manera de mirar.
Y es precisamente ahí donde reside una de las grandes virtudes de Resurrection : Bi Gan no utiliza la historia del cine como una colección de referencias para cinéfilos, sino como un organismo vivo. Cada género contiene una determinada manera de mirar el mundo y cada transformación visual modifica también la forma en que percibimos la historia. El resultado es una película que puede contemplarse como un extraordinario recorrido por un siglo de cine, pero que funciona también como una reflexión sobre aquello que las imágenes son capaces de conservar, transformar o hacer desaparecer.
La película juega incluso con los mecanismos más elementales del lenguaje cinematográfico. El formato de pantalla cambia, también la velocidad de las imágenes y la relación entre sonido e imagen. En determinados momentos, la ausencia o reducción del diálogo devuelve protagonismo a la expresión corporal y a la propia composición visual. Son recursos que podrían parecer meramente formales, pero aquí tienen una función mucho más profunda: nos obligan a percibir cada fragmento como si estuviéramos entrando en una película perteneciente a otra época.
En esta película, la cámara se desplaza, descubre personajes, atraviesa espacios y conecta diferentes acciones con una naturalidad que convierte la puesta en escena en una auténtica coreografía. Detrás de esa aparente espontaneidad existe, sin embargo, una planificación extraordinariamente precisa. Los movimientos de actores, figurantes, cámara, iluminación y elementos del decorado deben coordinarse con una exactitud casi matemática. La dificultad técnica desaparece ante nuestros ojos precisamente porque todo está pensado para que la secuencia parezca inevitable.
Esta concepción del plano secuencia conecta directamente con la relación que la película establece entre cine y sueño. Cuando soñamos, no necesitamos asistir a un montaje convencional para desplazarnos de un lugar a otro. El espacio puede transformarse, el tiempo puede comprimirse o expandirse y las personas pueden adoptar identidades diferentes sin que nuestra mente necesite justificarlo. Bi Gan utiliza esa lógica para construir una película que funciona más por asociaciones, sensaciones y transformaciones que por una narración perfectamente explicada.
Pero Resurrection no habla únicamente de los sueños. Bajo su apariencia fantástica existe una reflexión sobre la memoria, la identidad, la muerte, el amor y la necesidad humana de encontrar un sentido a la existencia. El futuro que plantea Bi Gan permite observar desde una perspectiva imaginaria algunos de los problemas del presente: nuestra dependencia de la tecnología, la fragmentación de la experiencia, la dificultad para conectar con los demás y la creciente mediación de nuestra percepción por dispositivos y plataformas.

Resurrection reflexiona sobre cómo hemos pasado de la experiencia colectiva de la sala a un consumo audiovisual cada vez más individual y fragmentado. De ahí que su título tenga un doble sentido: Bi Gan no solo habla de recuperar los sueños, sino también de devolver vida a formas cinematográficas de distintas épocas. El cine mudo, el expresionismo, el noir, el gangster, el bélico, la ciencia ficción o el fantástico romántico son transformados y mezclados dentro de una obra contemporánea que demuestra que los géneros nunca mueren del todo: pueden reaparecer y adquirir nuevos significados.
La estructura episódica convierte la película en varias películas dentro de una sola. Cada capítulo posee su propia atmósfera, ritmo y lenguaje visual, pero existen conexiones que permiten que todos formen un único organismo. Bi Gan deja algunas de ellas deliberadamente abiertas, invitando al espectador a establecer sus propias interpretaciones. La película puede entenderse como una reflexión sobre la muerte, el renacimiento, la pérdida de los sueños, el paso del tiempo, la memoria o incluso como una declaración de amor al cine.
Esta apuesta convierte Resurrection en una experiencia más sensorial que narrativa. El sonido, el movimiento, las texturas, los cuerpos, la iluminación y los espacios adquieren tanta importancia como la trama. No es una película que pretenda ser descifrada inmediatamente: muchas de sus imágenes funcionan primero a nivel emocional y subconsciente. Conocer la historia del cine permite descubrir numerosas referencias, pero no es imprescindible para dejarse llevar por su atmósfera.
La influencia de cineastas como David Lynch puede resultar evidente en su tratamiento de los sueños, las identidades y la lógica de las imágenes, aunque Bi Gan posee una personalidad propia basada especialmente en la duración, la materialidad de la imagen y la experiencia física del espacio. Por ello resulta difícil encasillar Resurrection en un género concreto: es ciencia ficción, fantástico, drama y cine experimental al mismo tiempo, pero termina convirtiéndose en algo que supera todas esas etiquetas.
Los largos planos secuencia representan la culminación de esta concepción. Especialmente en su tramo final, la complejidad de la puesta en escena alcanza un nivel extraordinario, pero el verdadero mérito está en conseguir que la técnica desaparezca ante los ojos del espectador. Cuando dejamos de pensar en cómo se ha rodado y simplemente nos abandonamos a las imágenes, la cámara se convierte en una mirada capaz de desplazarse libremente por el espacio y el tiempo.
Todo ello explica que Resurrection pueda resultar fascinante e hipnótica, pero también agotadora o desconcertante. Es una película que exige paciencia y una predisposición a aceptar la incertidumbre. Frente a un cine que cada vez explica más y deja menos espacio a la interpretación, Bi Gan propone exactamente lo contrario: una experiencia abierta en la que cada espectador pueda construir sus propias conexiones.
Detrás de su despliegue formal existe, en definitiva, una reflexión sobre la memoria, los sueños y aquello que el tiempo puede hacer desaparecer. Bi Gan no ofrece respuestas cerradas, sino imágenes capaces de permanecer en la imaginación después del visionado. El cine se convierte así en una máquina de memoria: una forma de recuperar emociones, resucitar géneros y volver a experimentar, aunque solo sea durante unas horas, aquello que pertenece a otro tiempo.
Resurrection no es, por tanto, una película para todos los públicos. Su estructura fragmentada, su ritmo y su radical propuesta formal pueden resultar exigentes para quien busque una narración convencional. Para el espectador familiarizado con el cine de arte y ensayo y dispuesto a dejarse llevar por una experiencia cinematográfica más sensorial que narrativa, en cambio, puede convertirse en una de las propuestas más estimulantes del cine contemporáneo.
Al final, Bi Gan consigue que el título adquiera todo su sentido. Resucita géneros, técnicas, imágenes y formas de mirar; resucita también la idea de que una película puede ser algo más que una historia consumida durante unas horas. Puede convertirse en un sueño, en un recuerdo, en una experiencia compartida o incluso en una imagen que continúa funcionando mucho después de que aparezcan los créditos.

Resurrection no pretende explicarnos qué es el cine. Hace algo mucho más interesante: intenta recordarnos por qué seguimos necesitando verlo.
Resurrection (Kuang ye shi dai) (2025) (Bi Gan) (Blu-ray)
Jackson Yee (Actor), Shu Qi (Actor), Bi Gan (Director)
Descripción del producto
Ganadora del Premio Especial del Festival de Cannes.
En un mundo donde los humanos han perdido la capacidad de soñar, una mujer descubre un ser misterioso capaz aún de experimentarlos. Ella consigue adentrarse en sus sueños en busca de la verdad…
Extras:
• Making Of.
• Detrás de las cámaras.
• La visión de Bi Gan.
• Cortometraje ‘A Short Story’ de Bi Gan.
• Entrevista exclusiva de Cinema Excelsior al director de la película en la Seminci.
• Clips promocionales.
• Tráiler.
• Galería.
Imagen: 2,39:1
Duración: 160 minutos
Región del disco: B
Audios: Castellano y Chino mandarín 5.1 DTS HD MA + 2.0 Estéreo.
Subtítulos: Castellano.
Resurrection (Kuang ye shi dai) (2025) (Bi Gan) (Blu-ray)
Detalles del producto
Relación de aspecto : 2.39:1
Clasificado : No recomendada para menores de 16 años
Dimensiones del producto : 17 x 13,5 x 1,1 cm; 70 g
Número de modelo del producto : 8421394420182
Director : Bi Gan
Formato multimedia : Blu-ray
Tiempo de ejecución : 2 horas y 40 minutos
Fecha de lanzamiento : 24 agosto 2026
Actores : Hao Lei, Zhang Yi, Jackson Yee, Li Gengxi, Mark Chao, Shu Qi
Subtítulos: : Castellano
Idioma : Castellano (DTS-HD Master Audio 5.1), Castellano (Estéreo 2.0), Chino mandarín (DTS-HD Master Audio 5.1), Chino mandarín (Estéreo 2.0)
Estudio : Divisa Films
ASIN : B0H7JT32R5
País de origen : China
Número de discos : 1
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