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sábado, 4 de abril de 2026

RESEÑA DEL BLU-RAY "BALEARIC" DE RESEARCH ENTERTAINMENT


 RESEÑA DEL BLU-RAY "BALEARIC" DE RESEARCH ENTERTAINMENT

Hay películas que parecen hechas para ser explicadas y otras que funcionan mejor si uno se deja arrastrar por ellas sin intentar encajarlas en una estructura demasiado lógica. Balearic pertenece claramente al segundo grupo. Es una película que empieza como una cosa muy concreta , casi un ejercicio de terror adolescente bastante reconocible,  y poco a poco se va desplazando hacia algo más extraño, más abstracto y también más incómodo. Y ahí es donde realmente funciona.

Lo primero que me llamó la atención es su estructura. No es una película que vaya construyendo una historia clásica, ni siquiera una historia de género con sus puntos de giro claros. Más bien parece dividida en dos bloques que no compiten entre sí, sino que se reflejan. La primera parte es mucho más directa: seguimos a un grupo de jóvenes en una tarde que empieza como tantas otras , aburrimiento, ocio sin rumbo, ganas de hacer algo,  hasta que la película se transforma casi en un relato de invasión de propiedad privada con tintes de survival. Pero justo cuando parece que esa va a ser la película, se rompe completamente. La segunda mitad no funciona ya por tensión narrativa sino por atmósfera, por pequeñas escenas, por conversaciones que parecen aisladas pero que acaban construyendo un retrato bastante ácido de una generación adulta encerrada en sí misma.

Esa ruptura es lo mejor y lo más incómodo de Balearic. Porque te obliga a replantearte lo que estabas viendo. Los jóvenes dejan de ser el centro y la película pasa a mirar a los adultos como si fueran casi una especie de comunidad decadente. No es una crítica frontal ni un retrato psicológico detallado, sino algo más raro: una sensación de que todos esos personajes viven en una especie de burbuja que está a punto de romperse. Hay algo casi festivo en esas escenas , comida, conversaciones, canciones, recuerdos,  pero siempre con un fondo extraño, como si todo estuviera ligeramente desplazado.

En cuanto a las escenas donde la música es protagonista, la película también juega con ese contraste generacional. Por un lado está la secuencia en la que los adultos suben a la colina para bailar bajo las cenizas, que funciona casi como un ritual absurdo, un momento de euforia que ya no es liberador sino un poco grotesco. Y por otro lado está la canción tradicional que canta Christina Rosenvinge durante la comida, que es todo lo contrario: una escena mucho más íntima, casi suspendida en el tiempo, que corta de golpe el tono irónico que venía dominando hasta ese momento. Esa canción, además, no funciona como un número musical sino como una especie de pausa emocional dentro de la película, algo que obliga a mirar a esos personajes con otra distancia.

Y ahí es donde la música se vuelve uno de los elementos más importantes de Balearic. No sólo por la canción de Rosenvinge , que tiene algo muy sencillo y muy triste al mismo tiempo, sobre todo cuando insiste en esa idea de que la vida es más corta de lo que creemos,  sino por el diseño sonoro en general. La película no utiliza la música para subrayar lo que está pasando, sino para crear una sensación de desajuste constante: momentos en los que todo parece demasiado alegre para lo que realmente está ocurriendo, o demasiado silencioso cuando debería haber tensión. Ese contraste refuerza mucho la sensación de que estamos viendo una especie de fábula un poco torcida.

Es destacable también como la película utiliza el agua como elemento central sin hacerlo de forma demasiado obvia. La piscina no es sólo un espacio físico donde ocurre la primera parte de la historia, sino casi un punto de conexión entre los dos mundos que plantea la película. Para los jóvenes es un lugar de juego, de exploración, de libertad, mientras que para los adultos funciona más como un símbolo de estatus, como algo que hay que poseer y proteger. Esa diferencia tan simple termina siendo bastante reveladora: lo que para unos es una experiencia, para otros es un objeto. Y la película insiste mucho en esa distancia sin explicarla de forma explícita.

Incluso las escenas más extrañas , las que parecen casi oníricas, sobre todo las que tienen que ver con el agua y con ese tono más oscuro que va apareciendo poco a poco,  funcionan mejor si se ven como una especie de transición entre los dos mundos. No son momentos que expliquen nada, pero sí crean una sensación de continuidad emocional: el dolor de los jóvenes parece filtrarse de alguna manera hacia el mundo de los adultos, aunque estos no sean capaces de entenderlo. Y eso hace que la película tenga algo bastante melancólico, más que puramente terrorífico.

Lo más interesante de la película es cómo utiliza la idea de la distancia generacional sin convertirla en un discurso obvio. No es la típica historia de “los jóvenes incomprendidos contra los adultos hipócritas”. Lo que hace es algo más inquietante: sugiere que esa incomunicación se repite constantemente. Que cada generación acaba repitiendo el mismo patrón. Hay un momento en el que eso se dice de manera muy directa, pero incluso sin esa frase ya se percibe: los adultos parecen convencidos de que los jóvenes viven sin límites, mientras que los jóvenes ven a los adultos como una especie de versión agotada de lo que ellos mismos podrían llegar a ser. La película no da soluciones, ni siquiera toma partido; simplemente deja esa incomodidad flotando.

Balearic mezcla tonos que normalmente no se mezclan de esta forma: terror, comedia absurda, drama generacional y un cierto aire de fábula muy seca. Hay momentos que parecen casi un sketch y otros que son sorprendentemente tensos. No es una película que busque el susto ni el impacto, sino una sensación constante de extrañeza. Incluso cuando pasa algo realmente violento, lo hace sin subrayarlo demasiado, como si formara parte de un paisaje moral que ya estaba podrido desde el principio.

Visualmente es bastante hipnótica. La luz tiene algo muy concreto, muy veraniego pero a la vez decadente, como si todo ocurriera en un tiempo suspendido. No es el típico verano luminoso y alegre, sino un verano que parece cansado, casi estancado. Eso encaja muy bien con la película porque todo gira alrededor de esa sensación de comodidad que se vuelve incómoda: la casa, la piscina, la comida, la música… todo lo que debería ser placentero acaba resultando un poco inquietante. Y la película insiste mucho en esa idea de que el confort puede ser también una forma de violencia, sobre todo cuando se defiende a costa de otros.

La cinta de Ion de Sosa no intenta explicar demasiado a sus personajes. No hay grandes monólogos ni psicología profunda. Lo que hay son fragmentos: pequeñas conversaciones, gestos, frases que parecen triviales pero que poco a poco dibujan un retrato bastante triste de ese mundo adulto. En contraste, los jóvenes aparecen de forma mucho más directa, más espontánea, y eso hace que la película funcione casi como un choque de lenguajes. No sólo de edades, sino de formas de ver el mundo.

Y luego está la sensación general que deja. Balearic no es una película cómoda, ni siquiera fácil de recomendar a alguien que espere una historia clara. Pero precisamente por eso me parece una de las propuestas más interesantes del cine español reciente. No intenta parecer importante ni sofisticada; simplemente se permite ser rara, fragmentaria, a veces absurda, y aun así consigue que todo tenga un sentido emocional bastante fuerte. Al final no se queda tanto como una historia cerrada sino como una especie de recuerdo extraño: una noche de verano que empieza como una broma y acaba convirtiéndose en algo mucho más oscuro.

En definitiva pese a su tono extraño, no es una película fría. Tiene algo muy personal, casi íntimo, en la forma en que habla del paso del tiempo, del miedo a hacerse mayor y de la sensación de que cada generación cree estar viviendo algo completamente nuevo cuando en realidad está repitiendo el mismo ciclo. Y eso es lo que la hace quedarse dando vueltas después de verla.

Balearic nace como una especie de suma de obsesiones que el director había ido acumulando con los años: el deseo de hacer una película con la carga poética y simbólica de El nadador, pero también el impulso de construir un relato de supervivencia con adolescentes que, en lugar de agotarse en el propio género, se transformara en otra cosa completamente distinta. Esa mezcla de survival y reflexión generacional terminó convirtiéndose en una película partida en dos, casi como una sesión doble dentro de una sola historia. Además, el rodaje, concentrado en una única localización y realizado en condiciones bastante aisladas, reforzó esa sensación de comunidad creativa en la que actores, músicos y artistas de perfiles muy distintos aportaban su propio universo, algo que también se percibe en el tono transgresor y colectivo de la película.

En definitiva, Balearic se consolida como una propuesta tan singular como provocadora dentro del cine contemporáneo: una película que mezcla géneros, texturas y sensaciones para construir una experiencia más sensorial que narrativa. Sin duda no estamos ante un thriller convencional, sino ante una obra que utiliza la tensión y el peligro como punto de partida para hablar de la desconexión social, la desigualdad y la indiferencia generacional. Rodada en 16 mm y marcada por una estética mediterránea muy reconocible, la película apuesta claramente por lo simbólico y lo contemplativo, lo que explica tanto el entusiasmo de parte de la crítica internacional como las reacciones más divididas entre quienes buscan un relato más tradicional. Con sus aciertos y sus irregularidades, Balearic termina funcionando como una fábula contemporánea incómoda y sugerente, más interesada en provocar una reflexión que en ofrecer respuestas claras, y precisamente ahí reside su personalidad y su valor como segunda ficción de Ion de Sosa.

En resumen, Balearic es una película original, muy irregular en el mejor sentido, y también muy valiente. No intenta agradar ni seguir una fórmula clara, y precisamente por eso termina siendo mucho más interesante que la mayoría de películas de género que se hacen ahora. Puede desconcertar, puede incluso frustrar a ratos, pero también tiene algo muy vivo, muy libre, y eso hoy en día ya es bastante raro.

En cuanto a los extras, el Blu-ray añade un contenido especialmente interesante para los seguidores del cine más experimental: el cortometraje Leyenda dorada, dirigido por Ion de Sosa y Chema García Ibarra.

                                              

Balearic [Blu-ray] (2025)

Lara Gallo (Actor), Elías Hwidar (Actor), Ion de Sosa (Director)

En la víspera de San Juan, un día propicio para la magia, un grupo de jóvenes que se han colado en una piscina de una lujosa casa son atacados por tres feroces perros que los mantienen prisioneros. Mientras tanto, los vecinos se reúnen en una fiesta en una villa cercana para celebrar el comienzo del verano.


Detalles del producto

Relación de aspecto ‏ : ‎ 2.35:1

Clasificado ‏ : ‎ No recomendada para menores de 16 años

Dimensiones del paquete ‏ : ‎ 12 x 10 x 2 cm; 120 g

Director ‏ : ‎ Ion de Sosa

Formato multimedia ‏ : ‎ Blu-ray

Tiempo de ejecución ‏ : ‎ 1 hora y 14 minutos

Fecha de lanzamiento ‏ : ‎ 7 abril 2026

Actores ‏ : ‎ Ada Tormo, Christina Rosenvinge, Elías Hwidar, Lara Gallo, Paula Gala

Subtítulos: ‏ : ‎ Castellano, Inglés

Estudio ‏ : ‎ research

ASIN ‏ : ‎ B0GQNRYVP7

País de origen ‏ : ‎ España

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